Observan la primera luz de un fuente de Ondas Gravitacionales (Participación del OAC y el Gaf)

Por primera vez, un equipo internacional de astrónomos ha detectado ondas gravitacionales de la colisión entre dos estrellas de neutrones y ha podido seguir las consecuencias de este acontecimiento con varios telescopios.

El 17 de agosto, los detectores de los dos observatorios Ligo en Estados Unidos y del instrumento europeo Virgo -en Italia- registraron durante alrededor de 100 segundos diminutas ondas en el espacio-tiempo. Casi al mismo tiempo se produjo un estallido de rayos gamma, que fue seguido por 70 telescopios internacionales.

Gracias a este acontecimiento, los investigadores han podido profundizar en el comportamiento de las estrellas de neutrones, las más compactas del Universo. Distintas señales ponen de manifiesto la existencia de oro, platino y otros elementos químicos más pesados que el hierro en el entorno de la colisión. Según los expertos, esto apunta claramente a que gran parte de los elementos pesados surgen de la colisión o fusión de estrellas de neutrones.

 

 
"Es realmente emocionante vivir un acontecimiento así, que cambia nuestra comprensión sobre cómo funciona el Universo", dijo France Córdova, directora de la estadounidense National Science Foundation (NSF). Ésta financia los observatorios Ligo De Hanford (Washington) y Livingston (Louisiana), gestionados por el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y el California Institute of Technology (Caltech) en Pasadena.

 

Por otro lado, dos segundos después de que terminara la señal de las ondas gravitacionales, los telescopios espaciales "Fermi" e "Integral" registraron un estallido de rayos gamma. Los astronómos supusieron que ambos fenómenos tenían que estar relacionados entre sí, por lo que informaron a numerosos observatorios.

Así, diez horas después de la detección de las ondas gravitacionales, astrónomos de Chile descubrieron un nuevo punto de luz cerca de una galaxia en la constelación Hydra. En total, 70 observatorios, tanto en la Tierra como en el espacio, fueron redirigidos hacia la nueva señal, situada a una distancia de unos 130 millones de años luz. Los análisis de los datos obtenidos tendrán ocupados a los astrónomos durante un largo tiempo.

 

"Revolucionario"

Precisamente el Nobel de Física de este año fue para los estadounidenses Reiner Weiss, Barry C. Barish y Kip S. Thorne por la confirmación directa de la existencia de las ondas gravitacionales predichas por Albert Einstein hace un siglo. Hasta ahora, en las cuatro ocasiones en que se habían detectado las ondas gravitacionales la causa había sido la fusión de agujeros negros (ver además las declaraciones de la cordobesa Gabriela González, quien trabajó en el equipo).

"Esta primera detección de ondas gravitacionales a partir de la fusión de estrellas de neutrones es por sí sola extremadamente emocionante", señalan Karsten Danzmann, Bruce Allen y Alessandra Buonanno, del Instituto Max Planck de física gravitacional en Hanóver y Postsdam. "Pero la combinación con decenas de posteriores observaciones en el espectro electromagnético lo convierte en verdaderamente revolucionario".

Según dijo Danzmann a dpa, las estrellas de neutrones son "los cuerpos más complicados del universo". Estos son el resultado del colapso de una estrella masiva, que explota en una supernova. Con un diámetro de unos 20 kilómetros, poseen una masa que duplica a la del Sol y es 700.000 veces superior a la de la Tierra.

Una cucharita de té llena del material de las estrellas de neutrones tendría una masa de 1.000 millones de toneladas. Según los modelos teóricos, con esa densidad los electrones y protones acabarían fundiéndose, de modo que la estrella quedaría compuesta casi exclusivamente por neutrones. No obstante, aún quedan por aclarar muchos detalles físicos.

Estos descubrimientos marcan el nacimiento de la astronomía multimensajero, como se ha bautizado la investigación que combina el estudio de las ondas gravitacionales y las señales electromagnéticas. Gracias a ella quizá puedan hallarse nuevos cuerpos celestes. Otra de sus aplicaciones, según Bruce Allen de la AEI, podría ser medir la expansión del Universo -la Constante de Hubble- y desarrollar la correspondiente ecuación de estado para estrellas de neutrones.

 
 
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